La historia de Ramón Quilodrán Delgado y su hijo Cristóbal Ramón Quilodrán Venegas es un reflejo profundo del valor de la familia, el esfuerzo sostenido y la confianza mutua como pilares para alcanzar grandes logros.
Ramón Quilodrán, socio de nuestro Sindicato desde hace más de 15 años y cuenta con una trayectoria de 25 años en CODELCO. Actualmente asesor de recursos humanos experto en la Gerencia de Gestión de Personas, ha desarrollado su vida laboral y familiar en Calama, ciudad que no solo lo acogió profesionalmente, sino que también vio crecer a sus hijos.
Desde su mirada como padre, el reciente logro de Cristóbal —puntaje nacional en Matemáticas en la PAES— es el resultado de un proceso familiar, donde el acompañamiento, la tranquilidad y el apoyo constante fueron clave. Ramón destaca el rol fundamental de su esposa, Claudia Venegas, nacida en Chuquicamata, siempre presente en el seguimiento académico y emocional de su hijo, y reconoce al colegio Chuquicamata como un actor relevante en este camino.
Cristóbal, de 18 años, se describe a sí mismo como un joven tranquilo, reservado y humilde. Su paso completo por el Colegio Chuquicamata estuvo marcado por el reconocimiento académico constante y por un entorno que, según sus propias palabras, le entregó herramientas reales para crecer. Con naturalidad y convicción, relata que siempre confió en que el esfuerzo rendiría frutos, incluso en los momentos de mayor nerviosismo previo a la prueba.
Las palabras que dedica a su familia reflejan un vínculo sólido y afectivo. Define a su padre como un “gran apoyo”, alguien que supo transmitirle calma y perspectiva, recordándole que cada desafío es parte de un proceso mayor. Ese respaldo, sumado a las condiciones materiales y emocionales para estudiar, fortalecieron su confianza.
Hoy, Cristóbal proyecta su futuro con ambición y vocación. Sueña con estudiar Astronomía en la Universidad de Chile y, a largo plazo, trabajar en el observatorio Astronómico ALMA (el más grande del mundo), e incluso llegar hasta la NASA. Metas altas, pero coherentes con una historia construida paso a paso, desde la disciplina, el apoyo familiar y la convicción personal.
Este logro no solo enorgullece a una familia, sino que también representa el reflejo de muchos hogares de trabajadores y trabajadoras de CODELCO: familias que creen en la educación, que acompañan con esfuerzo silencioso y que celebran juntos cuando los frutos finalmente llegan.

